Y comieron perdices (II)

martes 5 de mayo de 2009

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Ya llevaba dos horas esperando en aquella sala mohosa, llena de cadenas, y ratas, con ese maldito hilo musical sonando. En realidad, ya habían pasado dos horas, tres días y una semana, desde que Beckelar inició los trámites para conseguir una espada nueva. Primero se le olvidó cumplimentar el formulario B/12. Después, el príncipe tuvo la mala pata de no fotocopiar por triplicado su tarjeta de ‘Protagonista preferente’, lo que le acarreó una nueva espera. Cuando por fin parecía que tenía todos los documentos a mano, el magnífico profesional de turno le indicó amablemente, que aquella cola era para solicitar una ‘Secuela sin guionistas de Disney’.

Ahora por fin, Beckelar se encontraba en el lugar adecuado.

- Siguiente… -el funcionario, con ojos caídos y pelo demacrado, hizo sonar el pequeño timbre que siempre tenía a mano.
- Hola, buenos días. Mire, yo necesito una espada para un trabajito que me ha salido. Soy ‘Protagonista preferente’, y me haría falta…
- ¿Qué tipo de trabajo es? –cortó el tipo de la ventanilla.
- Pues mire, se trata de rescatar a una princesa en…
- No me diga más. Nada, le mando a la sección de instrumentos de cuerda. Buenos días.
- ¡No oiga!, si es que a mí lo que me hace falta es rescatarla, no seducirla.
- ¿Y a mí que me cuenta? ¿Sabe lo complicado que es extender una licencia de arma blanca?
- No, si yo tengo licencia, lo que necesito es la espada, que se me ha perdido.
- ¿La ha buscado en casa?
- ¿Qué? Claro que sí. Oiga, a mí me habían dicho que ustedes subvencionaban espadas, que estaban…
- Ya, ya… pero como el presidente de la Junta… del Reino ha abandonado por un puesto mejor en la Mesa Redonda, la cosa ha cambiado. Ahora necesita usted pasar un test psicológico.
- ¿Lo ha dicho el nuevo presidente?
- No, es un tema del sindicato, que no quieren más accidentes con lanzas y picas.
- Vaya cosa… por cierto, ¿no habría que organizar unas nuevas elecciones? Lo digo por aquello de que esto es un Reino demócrata, ya sabe.
- Sí sí… demócrata y aconfesional… Mire, le mando a la ventanilla de peticiones, para que le den cita en la sala de espera, en donde cogerá número para pedir hora en el psicólogo.
- Eh…
- Gracias, buenos días.

Y comieron perdices (I)

viernes 1 de mayo de 2009

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Y por fin llegó la mañana en la bella República de los Cuentos. El Príncipe de Beckelar paró el despertador de un puntapié y, no sin esfuerzo, se levantó de una cama llena de trocitos de galleta. Sólo cuando se incorporó, fue consciente del reguero de botellas que había en el suelo y del intenso dolor de cabeza que le daba los buenos días.

Como cada día, Beckelar se preparó un buen café, de esos que dejan su esencia en la cocina hasta pasadas unas horas. Con desgana, el Príncipe abrió su portátil mientras buscaba ropa interior limpia en un cuarto regido por el caos de la noche anterior. Un cálido sonido indicó al joven que tenía correo. Seguramente sería alguna admiradora. ¡Que pesadas podían llegar a ser! pensó mientras apuraba el café.

Pero el Príncipe estaba equivocado. Era trabajo. Y un trabajo muy bien pagado. Recordando los excesos de seis meses atrás, Beckelar se dio cuenta de que pronto comenzaría a escasearle el dinero. Esos malditos Gnomos habían invertido buena parte de su oro en un fondo de inversiones a cargo de un tipo llamado Madoff…

Sin pensarlo dos veces, Beckelar cogió el móvil.

- Buenos días Azul, ¿Cómo vamos?
- ¡Hombre, Beckelar!
- Que te iba a comentar… ¿tú me puedes dejar la Excalibur esa?
- Pues llegas tarde, chico. Se la vendí al Arturo, que ahora trabaja de chulo para Merlín.
- ¡No jodas! Es que mi espada la dejé en casa de Cenicienta y ahora me da palo volver, después de todo el marrón.
- Claro… Menos mal que al final no estaba embarazada…
- Ya me veía yo con el crío de arriba para abajo, y como en el Reino ese tienen una política de antaño, lo del aborto ni de coña.
- Oye, ¿y para que quieres ahora una espada? ¿No estabas de año sabático?
- Otra princesita de las narices, que se ha quedado encerrada en no se que torre de mierda, y una constructora la quiere tirar para hacer un bloque de apartamentos. Pagan de puta madre y necesito el dinero.
- Lo normal.
- Pues eso, llegar, besarla, decirle el guión, y a comer perdices hasta la mañana siguiente.
- ¿Cuándo se pondrán ellas las pilas? Estoy cansado de ser yo el que de siempre el primer paso.
- Luego se quejan. Que sí tengo que besar ranas, que si mi madrastra me quiere matar… Bueno Azul, te dejo, a ver donde puedo encontrar una espada.
- Vete a pedir una a la Junta del Reino, que la consejería de Cuentos Clásicos estaba fomentando el uso de armas blancas para acabar con dragones. Igual te subvencionan una.

Creer

lunes 9 de febrero de 2009

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La lluvia apenas ahogaba su imperiosa voz, incluso detrás de las vetustas puertas de madera. El frío y una fina niebla típica del más puro estilo londinense casi me convencieron para volver a entrar. Uno se sentiría bastante cómodo dentro de la iglesia, con su paz y tranquilidad inevitables, si aquel tipejo de la sotana cerrara la boca durante cinco minutos.

Caín y Abel, los aramitas que arrancaron los ojos con hierros hirviendo a unos desgraciados… incluso el barbas ese de la canoa había hecho su aparición aquella tarde lluviosa; que apropiado. Todo aquello me parecía una comedia propia de los Monty Python, en la que lo absurdo toma las riendas de la realidad y monta un circo en el que incluso un ilusionista multiplica panes y peces.

- Hermanos… -silencio reverencial, tos de abuelo y llanto de soslayo patrocinado por el peque del recinto- hoy nos encontramos aquí para recordar a Sonia.

Bonita promesa, pero como tantos otros charlatanes, prometió más de lo que pudo cumplir, y en la hora y cuarto que ya duraba la ceremonia, tan sólo había aparecido su nombre una puta vez. Y por eso me encontraba allí fuera, intentando limpiar mi alma entre caladas de lágrimas y lluvia.

“¿Por qué creer? Porque te creé y te amo, por bondad. Firmado: Dios”. También han llegado a Granada las campañas publicitarias en autobuses que firman otro capítulo más de la estúpida batalla entre los ateos y creyentes.

- ¿En qué piensas? –la voz de Pablo me devolvió a la realidad.
- Estaba mirando ese autobús. - Muy apropiado, sobre todo para un día como hoy. ¿Por qué no entramos? Aquí nos vamos a quedar helados.
- Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida.
- ¿Qué? –a estas alturas, mi viejo amigo seguro que comenzaba a pensar que estoy como una puta cabra.
- Nada. Recordando ese otro lema publicitario.
- El mundo está loco. Mira ese pirado, en camiseta y con este tiempo de mierda.

A lo lejos, un crío que no llegaría a la quincena de edad hacía malabarismos con un balón mientras sorteaba los charcos. No parecía importarle que su ropa estuviera totalmente empapada.

- Pablo, te juro que en días como hoy quiero creer. De verdad, de verdad que sí.
- Con los tiempos que corren, todos necesitamos creer en algo, amigo.

No pude menos que reprimir una amarga, desconsolada sonrisa cuando aquel chavalillo pasó ante nosotros medio corriendo, con el pelo pegado a la frente.

“Messi es Dios”. Rezaba, la jodida camiseta.


Fotografía cargada en flickr el 7 de marzo, 2008 por mosesxan.

Stand Alone Complex (V)

martes 11 de noviembre de 2008

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Los primeros en morir fueron los desgraciados de la terraza. Los miembros cercenados volaron disparados hacía el fondo del bar, seguidos de una abominable estela de sangre. Todavía hoy me sorprende recordar que no hubo ni un solo grito, ni una súplica… Tocaba luchar por la supervivencia. Y eso hicimos.

Los ‘partisanos’ que se encontraban más próximos a la entrada apenas tuvieron opciones. Mesas, sillas y cuchillos de cortar mantequilla fueron sus mejores bazas, pero la mecánica crudeza del enemigo no dio tregua alguna. Los huesos humanos se parten con cristalina facilidad ante un mazo de metal.

La sorpresa inicial cedió protagonismo a los aullidos de rabia de quienes nos encontrábamos aún con vida. Luché contra mis ganas de vomitar cuando fui consciente de que estaba moviéndome por encima de restos humanos. Un compañero no pudo aguantar la barbarie y, palideciendo, se entregó al vómito. Ese robot no tuvo mayor reparo en hundirle el cráneo. El siguiente era yo.

Esquivé como pude un par de acometidas, pero en el suelo había demasiados ‘restos’ y no tarde en resbalar, quedando completamente descubierto. El momento Hollywood llegó con la oportuna aparición del camarero. ¿Quién hubiera dicho minutos antes, que ese pacifico hombre era capaz de estrellar su caja registradora contra un robot? Me levanté lo más rápido que pude y, en un momento de prístina revelación, acerté a desgarrar una de las ‘arterias’ principales de estos engendros, situada justo en la base de la cintura y sin la cual todo su sistema de energía queda inutilizado.

Aquel gesto pareció envalentonar a los supervivientes y juntos conseguimos salir de aquel cementerio justo a tiempo para comprobar la realidad de la situación.

Escenas de guerra se reproducían en cada esquina de Madrid. Los pocos policías blandían sus porras al aire, en ausencia de un arma de verdad cuando una explosión en un rascacielos cercano sepultó con escombros una de las avenidas que confluían en la plaza en que me hallaba. Ellos eran muchos y, por desgracia, la mayoría vestían como humanos y tenían una configuración facial realmente conseguida. El enemigo era un camaleón que nos estaba arrinconando justo cuando comenzaron los primeros disparos. ¡El ejercito!

Militares vestidos de azul aparecieron en varios coches blindados y comenzaron a abrir fuego desde la torreta de su vehículo. Pero los muy hijos de puta no hicieron distinción entre humanos y máquinas. Bombas de gas urticante y munición pesada no se hicieron esperar. Aquello se convirtió en un infierno de azufre y sangre en el que no tardaría en morir.

¡Una alcantarilla! Aquella esfera metálica se me antojó la puerta del cielo. Como pude me precipité corriendo hacía ella cuando sentí como mi columna vertebral se partía en dos. CHASK. Un ruido sordo y un dolor eléctrico sirvieron de colchón para mi caída al suelo. Ahí abajo todo eran cuerpos inertes o masas balbuceantes de cables y venas. La impotencia me arrancó las primeras lágrimas cuando llegó el helicóptero. Eran tropas japonesas. En una rápida maniobra despernó de humo la zona y uno de mis compatriotas me dio la mano.

Entre toda la muerte que se arremolinaba a mi alrededor, entre la hedionda desolación y el impenetrable estruendo de la guerra, las palabras de ese hombre consiguieron llegarme al corazón.

-La humanidad te necesita. Volvemos a casa.

Timeline

domingo 9 de noviembre de 2008

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String Theory, originalmente cargada por [Adam_Baker].




¿Vamos hacia ninguna parte? Me dices que no tenemos mañana, que nuestros actos se hayan destinados al olvido. Blanco o negro darán igual. El resultado será el mismo, tarde o temprano todo se perderá en la oscuridad del tiempo. Nuestra conciencia, nuestros esfuerzos o carencia de ellos, la ilusión y la apatía… el fluir de la existencia condena la esencia misma de la vida al más horrendo de los finales.


El matemático azar que irradia nuestros pasos carece de sentido. La terrible verdad que nos otorga nuestra inteligencia es que somos seres finitos. ¿Cómo reunir fuerzas para seguir andando un camino que se borrará al poco tiempo de haberse recorrido?

No me extraña que desde que el ser humano posee raciocinio y conciencia de si mismo, haya tratado por todos los medios de arrojar luz a su último destino.

Cualquier cosa es válida si justificamos nuestra propia existencia. Pero la verdad es que esa justificación puede no haber existido jamás.

Stand Alone Complex (IV)

lunes 27 de octubre de 2008

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Lo cierto es que todo ocurrió muy deprisa, padre.


Lo recuerdo vivamente. ¿Cómo no hacerlo? Acababa de terminar la carrera y junto a unos amigos, organicé un viaje a Europa.

Francia, Inglaterra, España… Todavía puedo saborear el exquisito queso francés, la maravillosa cerveza de Londres y ese característico producto que en Madrid llaman ‘jamón’. De verdad padre, que fueron unas semanas maravillosas. Los estudios habían terminado por fin y ahora teníamos ante nosotros todo un abanico de posibilidades. Doctorados en Ingeniería Robótica… ¡El mundo entero nos solicitaba!

Y entonces todo cambió.

Todavía me emociono cuando lo recuerdo, no puedo evitar derramar una o dos lágrimas. ¿Recuerdas padre, cuando tú me contaste aquello de las Torres Gemelas? Estabas en casa, comiendo, eras aún muy joven, pero ya sabías que el mundo entero estaba cambiando en ese preciso instante. Y supiste tu destino.

Creo que a mí me pasó algo parecido.

Estábamos en algún bar de Madrid. Lo recuerdo bien por que la cerveza estaba helada y hacía un calor increíble, aun para ser noviembre. La edad de las estaciones ya terminó en el hemisferio norte. No hace falta padre, que te explique el carácter abierto y bullicioso de los españoles. Ese era el ambiente reinante aquella tarde. Por eso me sorprendió el silencio. De repente, todo enmudeció. Todo.

Las decenas de personas que nos encontrábamos allí adentro, en ese simpático bar castellano, nos volvimos al mismo tiempo y contemplamos, incrédulos, la escena que tenía lugar en la pantalla de televisión.

Primero fue en Nueva York. La imagen de la Torre de la Libertad despedazándose por la mitad jamás se borrará de mi mente. Mi generación jamás había vivido algo así.

Después, por supuesto, no tardaron en caer las demás capitales del globo. Y por supuesto, también Madrid.

Fue una rebelión de máquinas ha escala mundial. Con el paso de los meses, terminaríamos sabiendo que ya en los primeros años de la Edad Digital, los robots habían desarrollado su propia Inteligencia Artificial, muy al margen de la que nosotros habíamos planeado para ellos. Todavía no puedo creer que nos mantuvieran engañados durante todo este tiempo. Realmente me tomé la rebelión como algo personal. No podía aceptar que los seres sobre los que tanto sabía, me la hubieran jugado de esa manera. ¿Qué podía hacer?

Todas estas incisivas ideas me taladraron la mente durante los minutos que pasé rodeado del más absoluto de los silencios, contemplando. Ni tan siquiera el televisor tenía sonido. Todo me parecía un burdo teatro de marionetas. Irreal. Imaginario. Imposible. Podía sentir los gritos de terror de toda esa gente, corriendo por las calles, defendiéndose de sus propias creaciones a base de palos y piedras. Curioso.

Fuego y más fuego. Y sangre. Ellos parecían alimentarse de nuestra sangre. Con cada arteria rota, con cada cráneo machacado o yugular seccionada, atacaban con más ahínco. Especialmente desgarrador fue el testimonio de un profesor moscovita. Los robots habían entrado en su clase y desmembrado de la manera más eficiente a cada uno de los críos que allí se encontraban. Dicen que algo parecido ocurrió en la sala de prematuros de un hospital holandés.

Títeres carentes de alma moviéndose por impulsos matemáticos al ritmo de la fría lógica humana.

Y los títeres llegaron a nuestro encuentro.

Stand Alone Complex (III)

viernes 24 de octubre de 2008

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Me encanta este olor a plástico por la mañana.

La gente fluye alrededor de mí en la entrada del ‘News World Corporation’. Somos los mejores desarrollando nuestro trabajo. Antes se pensaba que la prensa era el cuarto poder del Estado. Ahora lo sabemos con certeza. Lo que comunicamos se convierte automáticamente en un dogma de fe. Lo hemos conseguido.

Mientras que avanzo por el austero recibidor del edificio, blanco, púlcro, me doy cuenta de que algo no funciona. Seguridad ha desactivado el arco de protección encargado de medir el ritmo cardiaco de los posibles terroristas, eso significa que el nerviosismo reina entre mis colegas, el sistema ya no es fiable. ¿Por qué? Comienzo a escasear la red en busca de información. Breaking news. No hay nada de última hora… malo.

Me encuentro aquí, en mitad del centro informativo de la humanidad, en la ciudad de Tokio, rodeado de compañeros que conforman la elite del periodismo libre. Me esquivan, me evitan casi deliberadamente. ¿Quién tendrá el valor de decirme que cojones pasa? Miho, tú mirada me susurra eso que tus labios no se atreven a narrar.

-Nueva York… ha comenzado en Nueva York… El alcalde de la ciudad ha declarado la Ley Marcial. ¡El maldito ejército está por todos lados!
-Miho cálmate. ¿De qué coño estás hablando?
-¿Cómo, no has abierto tu correo esta mañana? Hace un par de horas la central nos mandó un e-mail informativo... es información clasificada. ¿De verdad que no lo has leído?
-Pensaba hacerlo en cuanto llegara a mi despacho.

La angustia que se derramaba por los ojos de Miho me empujó ha abrir el correo inmediatamente. Era un video informativo.

Hubiera exclamado ¡Dios!, si ese concepto significara todavía algo. La secuencia de sucesos que tenían lugar delante de mis ojos me dejó totalmente paralizado. Creo que, por un segundo, se me detuvo hasta el corazón. Al fin y al cabo, no todos los días se observa, como cambia para siempre la historia de la humanidad.

Classified report

new york city, manhattan – 8:36 AM

Dan Matthew informando para ‘News World Corporation’ desde la Torre de la Libertad, en Manhattan. Hace aproximadamente veinte minutos, un grupo de robots que se dirigía a las obras que hay en la 5º Avenida ha comenzado a atacar de manera sistemática a cuantas personas se encontraban en la céntrica calle. Por el momento, se desconoce el número de fallecidos. El grupo de robots podría alcanzar la cifra de 1.00 unidades. En un primer instante, ha sido la propia policía del distrito quien se ha enfrentado a la amenaza. Según informa Tim Roit, uno de los agentes implicados en la actuación policial, “los robots estaban literalmente locos. Nos atacaron con sus herramientas de trabajo. No obedecían a ninguna orden conocida de control de emergencia. Pudimos escapar de milagro…”

¡En estos momentos, justo a mis espaldas, el ejercito ha comenzado una ofensiva contra el grupo de robots disidentes, que ha tomado la estación de metro de Time Square! Podemos comprobar desde nuestra posición como los militares están atacando con artillería pesada la propia entrada de la estación. Desconocemos si hay personas dentro del edificio.

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¡Una gran explosión acaba de tener lugar dentro de la estación de metro de Time Square! ¡Varios helicópteros del ejército han sido abatidos por los robots, que en estos mismos momentos, mientras les hablo, se dirigen hacía el complejo de la Torre de la Libertad, justo donde nos encontramos! ¡No sé si pueden oírme, pero acaba de ser decretado el máximo nivel de alerta por terrorismo, las sirenas apenas nos dejan oírnos los unos a los otros!
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Les habla de nuevo Dan Matthew. Nos encontramos en la planta 146 de la Torre de la Libertad, en Nueva York, donde un numeroso grupo de periodistas nos hemos refugiado de lo que parece ser… el primer acto de subversión de la historia de los robots. Contraviniendo todas las leyes internacionales y todas las barreras éticas que se les implantan a las máquinas, este grupo de disidentes ha comenzado esta mañana un cruel ataque contra grupos de personas en el centro de Nueva York. En estos precisos instantes, mientras les informo, el personal de seguridad del edificio libra una dura batalla en la entrada del complejo bursátil. Estamos a la espera de que el ejército nos evacue.

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¡No es posible! Nos encontramos en uno de los pisos más elevados de la Torre de la Libertad, en donde podemos observar como arde toda la ciudad de Nueva York, desde el Bronx hasta Long Island. Las explosiones se repiten por todo el radio urbano.

¡Las máquinas se han revelado!



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